Por Jaime Jofré

 Quizás por que se ha escrito mucho acerca de ese periodo épico de la década de los sesenta ó quizás por que “mucha agua pasó bajo el puente” durante ese tiempo y queremos explicarnos los acontecimientos que se desataron en la década siguiente; y quien sabe por cuantas razones más es que nos atrae escuchar a los músicos de esa época (al menos a los salseros de corazón). Ray "manos duras Barretto", un congero mayor,  entra en esta parte de la saga. Se han escrito libros, todo tipo de cronologías, y documentales de la época (los sesentas), pero siempre desde la perspectiva de las más influyentes corrientes de opinión, las de la modernidad occidental. Y la mayoría de las veces se ha documentado desde el punto de vista político y social: el soul, el rock, las drogas y la guerra de Vietnam. Pero nadie daba cuenta de la versión de los latinos, la de los “otros”, los que estaban inmersos en los márgenes de esa modernidad occidental, intentando abrirse paso, en las grandes urbes como lo es New York. Y aquí es donde aparece este músico, Barretto hablándonos desde esa “otredad”.  Sus grabaciones nos aclaran como fue la sonoridad de esa época de transición para los latinos, los que estaban entre la Marilyn Monroe y Yury Gagarin, entre los Beatles y los Doors.   Barretto junto a otros músicos fue uno de los pioneros del boogaloo (definido como el soul latino) y resulta que todos ellos fueron también percusionistas… Joe Cuba (quien ya en el 1964 grabo El Ratón con Cheo Feliciano), Willy Bobo (1934) autor de Evils Way interpretado por Santana  y Mongo Santamaría (1922). Claro que todos ellos y él especialmente, son mucho más que eso (que el boogaloo) y por consecuencia ni a Barretto ni a los demás se les puede encajonar solo en este estilo.  Partiendo con su formato original de Charanga cubana (violines y flauta traversa) desata sus descargas en temas como “Trompeta y Trombón” y “Descarga criolla” , dejando bien en claro su escuela jazzística previa y el haber compartido con otros músicos latinos de la talla de Tito Puente (se dice que estuvo en su  banda sustituyendo a Mongo Santamaría, desde el 1957 al 61).  Siempre moviendose entre el latin jazz y el ritmo de pachanga, incluso incursiona en la psicodelia, dando a su carrera una experiencia extraordinaria.

 

 

Si consideramos que parte con un formato que había sido propio de conjuntos que tocaban danzones y cha-cha-chá (heredados de Israel Cachao López) y llega a la psicodelia, manteniendo el impacto ritmico es como para… sentarse a escucharlo (algo también imposible porque el resultado es intensamente bailable). Pero sigue Barretto, después en los setentas con sangre nueva, son temas como "Indestructible", “Que viva la música” y “La Pelota” los que hacen las delicias de los bailadores de paso bravo y los principales grupos que presentan sus coreografías en los congresos de salsa por el mundo ya en pleno inicio del siglo veinte y uno!. Sin ir más lejos, aquí mismo, en Santiago, en el congreso internacional de la salsa (Octubre 2003) el tema-emblema del evento fue “La Pelota” de este Ray Barretto,  un Rey de las manos duras. No más preámbulo y paso a mostrar una ficha biográfica aparecida en el libro  “La salsa, orgullo de barrio”  de Enrique Romero (Ed. Celeste, año 2000, pág. 113) que incluye una discografía para quienes quieran adquirir las obras que más llamen su atención:

“ Conocido en el ambiente como “el rey de las manos duras”, este nuyorican nació en Brooklyn el 29 de abril de 1931, y ya de mayor, como dice su famosos “watusi”, mide 7 pies y pesa ciento sesenta y nueve libras. Con cincuenta años de carrera artística en sus manos, Ray Barretto ha transitado de forma destacada, por el jazz, el R & B, la pachanga el boogaloo y la salsa. También ha tenido incursiones fugaces en el rock y en la llamada salsa romántica, pero en lo que no ha variado nunca es en su especialidad instrumental, la percusión mayor ejecutada sobre el set completo de tumbadora, quinto y conga. 

Desde que empezó a interesarse por la música, la vocación de Barreto se volcó en la percusión. Admirador de Chano Pozo y Tata Guines, por la parte cubana, y de Count Basie y Duke Ellington por la parte jazzística, Barreto se dedico al estudio del tambor a la vez que asistía a cuanta Jam Session se organizaba en los clubes nocturnos del Bronx. En estas descargas se empapó a fondo del lenguaje del jazz que, unido a su temperamento latino, le permitió tocar en sus inicios con varios de los jazzmen más importantes, entre ellos Charlie Parker, Max Roach y Art Blakey. Con esta tremenda escuela en su curriculum, tocó y grabo, posteriormente, con Dizzy Guillespie, Herbie Mann y Chick Corea. Su carrera netamente latina la desarrollo en las orquesta de José Curbelo y Tito Puente, hasta que decidió montar su propia orquesta hacia 1960.

Es la hora de la pachanga y su primer elepé se tituló "Pachanga with Ray Barretto". Con esta formación, grabaría dos discos más en el sello Riverside. Para entonces, Barreto ya era suficientemente conocido en el ambiente, formó la Charanga Moderna, una orquesta típica aumentada con trompeta y con el instrumento que empezaba a imponerse en la sonoridad del barrio, el trombón. En la Moderna grabó piezas memorables, como “Descarga criolla”, “Trompeta y trombón”, “Rareza en guajira”, “Descarga del Barrio”, “Fuego y pa’lante”, “Salsa y dulzura”, y el tema que le catapulto, “El Watusi”, una composición que anunció el advenimiento, pasión y muerte del boogaloo. El “Watusi” logró por primera vez en la historia de la música latina vender más de un millón de copias, pero este éxito trastocó de forma  significativa la carrera de Ray Barretto, que tuvo que fajarse a fondo para demostrar que una cosa era el “Watusi” y otra el caudal musical de Barretto. A mediados de los años sesenta, Barretto grabó 10 álbumes con Fania, destacando Que viva la música, Barretto y Tomorrow. Entre 1977 y 1980, ficho por el sello Atlantic y se alejó temporalmente de la salsa. Grabó tres discos en una onda más experimental, dentro del campo del latín jazz y el R&B, y regresó al sonido del barrio y la Fania con un elepé esencial: Rican Struction, uno de sus trabajos más elaborados. A partir de aquí, participó en todo el engranaje de la Fania Records y grabó, hasta principio de los noventas, una docena de elepés de factura irregular. La crisis y la decadencia del movimiento salsero le hicieron volver a los fueros del latín jazz, donde se mantienen hasta la actualidad.”

 Discografía:

Charanga Moderna (Tico 1963)

Que viva la música (Fania 1972)

Indestructible (Fania 1973)

Barretto  (Fania 1975)

Tomorrow (Atlantic 1976)

Rican Struction (Fania 1980)

Tremendo Trío. Celia-Ray-Adalberto (Fania 1983)

  De muestra, dos fragmentos uno del tema "Indestructible" y otro de "La pelota", dos temazos para conocer y adquirir.

 

 

 

 

 

 

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