Hace
algunos años atrás
y con ocasión de
un congreso salsero (el primero que se hacía en Chile), me encontré con un
amigo. Un antiguo y experto ex_dj (DiskJockey)
de la salsa con varios años de oficio y que hoy eventualmente está tras la
consola. Al acercarme a conversar con el y después de un rato
intercambiando opiniones sentenció preocupado: “esta noche canto”.
En ese instante casi lo imagine con micrófono en mano y entonando
alguna melodía a todo pulmón. Pero no. Al par de minutos me quedó claro a
lo que él se refería. Era hacer algo que ya muchas veces había hecho:
mirar, escuchar, seleccionar, operar con mezcladores y cuanto dispositivo
de reproducción musical encontrase al alcance de su mano; labor que
cada
fin de semana realizaba en un céntrico local de Santiago.
Sin embargo creo que no estaba tan alejado de la realidad al tratar de
asociar un Dj con un cantante: después de todo ambos “musicalizan” una
velada… o no?. Desde ese momento creí pertinente pronunciarme y escribir
algo sobre estos anónimos paladines de las placas; no solo porque yo
piense que es importante su labor, sino porque mucha gente lo estima así.
Un oficio con
artillería y municiones
Mucho se ha hablado o escrito sobre
músicos, compositores e interpretes de la salsa; y cuando se cambia el
switch se continua con los grandes de la pista, coreógrafos,
bailarines y compañías de baile, etc y etc. Sin embargo nadie repara mucho en
este personaje que a veces oculto en la sombra de un rincón maneja y
controla la situación de varios cientos de asistentes y no deja “mono
parado” (o más bien “mono sentado”). El DJ de un local tiene por función
principal: amenizar la velada con su instrumental o “artillería”; y sus
municiones son el material musical con que dispone. De ahí la importancia
de un DJ bien preparado. El fuego de la artillería pesada viene en horas
en que es mayor la cantidad de bailarines por metro cuadrado. Resultado:
una creciente demanda en masa de líquidos bebestibles y la gente contenta
(resultado aparte son: el aire enrarecido que también pone a prueba lo
equipos de ventilación de un local y los canillazos que
ponen a prueba la superficie de una pista). Esta escena que bien podría
estar sacada al azar de un buen club salsero, la hemos visto en numerosas
ocasiones y la mayoría de las veces deja a los visitantes con ganas de
volver (al menos los que llevamos sus quince años bailando). Todo esto
gracias al intenso efecto que las ondas sonoras del DJ deja en los que
gozan bailando.

Oficio de largo
alcance
Todo está bien si todo el mundo está
contento. Pero y si no es así? La realidad ha demostrado que la cosas muy
buenas, generalmente, son muy buenas como para ser cierto en esto de las
pistas… y por la misma razón no duran mucho tiempo, porque en materia de gustos
y de objetivos no hay nada escrito. Cuando las cosas no andan bien con el
DJ o cuando el menú musical no es del gusto de los comensales los
resultados pueden llegar a ser –en algunos casos- casi desastrosos. En
efecto, Ud. podrá fijarse en varios elementos que hacen de un club o
salsoteca un grato lugar como para volver una y otra vez: la pista, la
iluminación, los bebestibles, la atención, la disponibilidad de mesas,
etc. Incluso, algunos reparan en el ambiente (la gente que lo frecuenta
también "hace" al local) hasta la ubicación geográfica y la seguridad del
recinto. Si algunos de estos aspecto falla, estos dejan un margen de
acción (o solución) por iniciativa propia al usuario, ejemplo: si la
pista no está buena por aquí nos vamos un poco más allá, si hay mucha luz allá
me ubicare más acá, si no hay de este trago pido otro, etc. Pero si la
música que empieza a retumbar en el aire, aparte de hacerlo hablar a
gritos no es de su agrado, no hay margen de acción ni escondite alguno que lo
libre de semejante experiencia, ni siquiera el último rincón de los baños.
Solo queda la paciencia para esperar, como debe ser, cívicamente, de buen
animo y pensando siempre que todo oído tiene su turno sin discriminación,
de rey a paje, para orejas de todo calibre, linaje y pelaje, pero ojo! Ud.
también está pensando que pagó por entrar a una… salsoteca. Si el
aguante no le da para más, no le quedará más remedio que irse a otro local
(cosa que ha pasado más de alguna vez y en masa).
Responsabilidad
compartida
Algo que a lo mejor no todos los DJ’s
tienen presente es que, quizás sin proponérselos están educando a una masa
de bailadores y oyentes; y estos últimos a su vez (también sin darse
cuenta) están asimilando y creando verdaderos
“hábitos de consumo”. Desde
este punto de vista casi se podría decir que el DJ es un “educador
informal” o al menos forma parte de una larga cadena
“alimenticia-educativa” donde todos estamos más o menos involucrados:
profesores de baile, medios de comunicación (prensa, televisión,
radio e Internet), administradores de locales, etc. y lo que faltaba: los
músicos! (orquestas, conjuntos, compositores e interpretes) y sus
asociados (productores y sellos disqueros).
En una verdadera cadena
o circuito donde a los profesores les cabe una buena cuota de
responsabilidad pues en la mayoría de la ocasiones las clases de salsa son
el punto de entrada a este espacio, un espacio que ya
forma parte de
nuestra costumbre y cultura urbana. Por lo tanto, los profesores en
cuestión, que tienen en sus manos la posibilidad de ayudar desde el inicio, pueden inducir hábitos que fomenten una
mentalidad más investigativa en este sentido. Pueden hacerlo también facilitando
referencias y orientación en este sabroso pero confuso ámbito musical; un
trabajo que va de la mano del DJ y que puede ser potenciado también con su
valiosa ayuda (esto cada profesor lo hace de acuerdo a sus métodos y
estilo).
Bendición o castigo
El DJ también cubre el segmento de
“músicos y asociados” en este circuito o cadena porque, en
un país donde digamos que todavía no hay sobreabundancia de orquestas
salseras, es el DJ el que hace las veces de músico (guardando las
proporciones del caso por supuesto) se hace cargo de la música y la selecciona. Esa es la
importancia y la presión que pesa sobre este invisible personaje que nunca
o muy rara vez lo verá solazarse en la pista, pero cuya influencia
inevitablemente para bien o para mal llegará a todos los rincones del recinto,
bendiciendo o castigando en forma ineludible cada oreja que encuentre... siempre
adelantando laboriosamente al resto de la concurrencia, por lo menos en
dos o tres temas y desde el rincón de su nunca_bien_ponderada, caseta.
Es el que también hace las
veces de cantante como afirmaba mi amigo.
Ni que el propio cantante
de los cantantes lo dijera:
“lo mejor del repertorio a Uds. voy a brindar..."