Ismael Rivera y Rafael Cortijo

Por Jaime Jofré  

 

Introducción

Esta edición para la sección de notas y entrevistas, la dedicaré a quien fuera unas las voces más emblemáticas de Puerto Rico: Ismael Rivera, también conocido con el sobrenombre de “Maelo” o más bien: como el “Sonero Mayor”, bautizado así -ni más ni menos- que por el propio Benny Moré. Pero; sucede que además, es casi imposible hablar de Ismael “Maelo” Rivera sin mencionar a su compadre y amigo Rafael Cortijo, percusionista que formó su propio grupo. Esta agrupación -Rafael Cortijo y su Combo- transformaron el folclore de Puerto Rico en un movimiento musical que trascendió la región del caribe y que se coló en  los clubes de Nueva York, esta misma formación sería la que daría inicio más tarde (junto a Rafael Ithier como líder) a una nueva agrupación: El Gran Combo de Puerto Rico. Por lo que podemos decir que “Cortijo y su Combo” junto a Ismael “Maelo” Rivera ya estaban creando un precedente para futuras generaciones de músicos y amantes de la salsa, de ahí su importancia, especialmente para entender mejor el presente de esta expresión musical (dejaré pendiente una nota biográfica de este gran “Maelo” para futuro).  

Una de las particularidades de este concepto llamado salsa, es la explicable ausencia de entrevistas y contactos con sus compositores e interpretes (al menos en este extremo del continente). Consciente de esta dificultad me propuse mostrar desde La Enciclopedia de la música iberoamericana parte de las entrevistas que hicieran Cesar Pagano (critico colombiano cuya consigna preferida es: ¡Salsa y Cultura hasta la sepultura!) y César Miguel Rondón (autor de “El Libro de la Salsa”); más un fragmento del libro de Eduardo Rodríguez Juliá “El entierro de Cortijo”.  Todos aportando antecedentes acerca de estas dos figuras que llevaron la PLENA y la BOMBA a otras latitudes; y además fue referente y mentor para músicos como el panameño Rubén Blades, quien aseguraba que “Ismael era capaz de meter veinte palabras donde el resto mete solo cinco”, por ahora veamos pues sus opiniones (también presentadas en la brillante enciclopedia “La Música de Ibero América”) ...

 

Para conocer, una muestra musical (clickear aquí->): El Nazareno

“ Ismael empezó a cantar con un muchacho que se llamaba Kako. Él huía de la casa y me amanecía llorando, porque yo decía, ¡Dios mío! pero si este muchacho lo que tiene es 13 ó 14 años. En la escuela él era el que hacía las fiestas con las latas, que las abollaba y le sacaba el golpe bien chévere. Y entonces los guayas y los tenedores a mí no me duraban en la cocina porque él los llevaba». (Margarita Rivera, madre de Ismael, entrevistada en 1990 por Luciano Londoño, Cristóbal Ayala y Josean Ramos, citada por César Pagano en el libro «Ismael Rivera, El sonero Mayor» (Antropos, Colombia,1993)).

 «Rafael e Ismael se conocieron diez o doce años antes de que formaran el Combo. Eran pobres los dos. Ismael era buen estudiante pero la albañilería y la música tiraban más. Cuando él cumplió 18 años ya era maestro de la construcción. Su abuelo y sus tíos eran albañiles de ese barrio, y en la calle Calma todo el mundo era albañil; se llamaba calle Calma pero allí había tambores. ¡Calma era lo que menos había allí! Además tenía al lado «El callejón tranquilidad» que era un barrio de bomba y plena muy encendidas. ¡El alboroto se lo puede imaginar!».  (Tite Curet Alonso, compositor, entrevistado por César Pagano en 1991)

 «El ambiente subía su temperatura, y su temperamento iba a contradecir el nombre de la calle donde naciera: La calle Calma. ¡Ismael perdió la calma y la calle también!».  (César Pagano)

 «Fue Rafael Cortijo el que empezó a crearme conciencia. Me decía que yo era un cantante, un vocalista especial y yo lo que pensaba era que el hombre me estaba dando mucha coba, pero él seguía». (Ismael Rivera entrevistado por César Rondón en «El libro de la salsa»)


«Había dos formas de interpretar la bomba y la plena: una que era con panderetas y coros, cinco o siete pleneros, es decir, un grupo enteramente folclórico que tiene sus instrumentos de percusión y canta, nada más. Y otra era una forma muy estilizada de interpretar nuestros aires para una gran orquesta de salón, estilo Rafael Muñoz, orquesto Siboney o la famosa de César Concepción. Y se produce la convergencia afortunada cuando Cortijo fragua esa manera tan suya de tocar la bomba con un ritmo genuino, pero más elástica, más moderna, cuando le añade metales de viento y arreglos muy sabrosones que revuelcan los pentagramas y los barrios de San Juan. Ocurre un cambio musical que el pueblo agarró veloz porque era su base, la bomba y la plena, pero adaptada a su época. Ni la áspera e indómita música de los atabales y voces, ni mucho menos la adormecedora y dulzona versión de las agrupaciones de cabarets». (Tite Curet Alonso a César Pagano)

«Pero Cortijo también sabía cotizarse. Desde 1954 se incrementan las salas de baile, el ambiente empieza a mejorar y los músicos a tener mayor demanda, y ahí Cortijo se planta: ¿Quieren música buena? Tienen que pagar mejor y es así como lo logran los llamados músicos callejeros... Cortijo también defendió las tarifas de los percusíonistas que antes eran discriminados ante sus propios compañeros de otros instrumentos porque, además de entereza, tenía ideas, conceptos y estilo propios». (Tite Curet Alonso a César Pagano).

 «Ismael era un hombre prudente y escuchaba la música tradicional de Rafael Cepeda. Cortijo no, él estaba en el mundo de las percusiones, de los negros». (Frank Ferrer a Rodolfo Poveda en 1996, en los micrófonos de Radio 3, Radio Nacional de España. Frank Ferrer es el director de la Descargo Boricua, la reunión de los músicos más representativos de Puerto Rico procedentes de grupos como Batacumbele o de las legendarias reuniones de los setenta en la Fania All Stars neoyorquina. Descarga Boricua presenta la mejor tradición de la sonoridad caribeña).

 

Para conocer y bajar una muestra musical: Soledad (tema que actualmente popularizara Jimmy Bosch)

 -- «En la calle Calma el reloj, cuando yo me levantaba, era una cosa que hacía: pum qui pum, pum qui pumm..., y ese reloj cómo que se me metió en la sangre... Nosotros tocábamos en grande los fines de semana y la gente nos iba a ver y les gustaba; yo no sé, decían que tocábamos distinto, parece que era el hambre ».

-Ismael, explícate eso del hambre (pregunta César Rondón en los micrófonos de Radio nacional de Venezuela en 1977).

-«Bueno, yo te dije hambre porque el grupo sonaba con una rabia, una fuerza, loco por salir del arrabal, inconscientemente ¿me entiendes? Ese era el tiempo de la revolución de los negros en Puerto Rico: Roberto Clemente, Peruchín Cepeda, Romaní..., entraron los negros en la universidad ¡paf! y salió Cortijo y su combo acompañando esa hambre, ese movimiento. Digo, no fue una cosa planeada, tú sabes, son cosas que a veces suceden, y en Puerto Rico estaba sucediendo esto. Todo fue una cosa del pueblo, del los negro, era como que se nos estaba abriendo un aula, y había rabia y Clemente empezó a repartir palos y nosotros entramos ahí, tú sabes, con nuestra música..., y parece que el mismo deseo de nosotros de salir, de acabar con el arrabal, fue lo que después nos puso un poco más premeditados... y es que había hambre, César, había hambre». (Ismael Rivera a César Rondón, citado en «El libro de la salsa» (Oscar Toddman Editores, Venezuela, 1980)].

 

«Maelo no se consuela con la memoria. Quiere tocar la materia de su dolor; no pretende conseguir la tranquilidad que logró Cheo Feliciano cuando devolvió el diminuto crucifijo a su sitio, no, no. Maelo nunca ha sido tan fuerte, ha sucumbido a la droga, al alcohol, al desarreglo total, mi “pana” (“compañero”, “compadre”), y ahora también quiere abandonarse, como un Dionisio Carabalí, a la experiencia del dolor perfecto; pero no grita, gime con ese dolor asordinado que no se atreve a proclamarse del todo so pena de asustar a la desesperación. Las mujeres de la familia Cortijo le ruegan ‘No, Maelo, no’. Ello quiere decir ‘No Maelo no, no te abandones a ese dolor, así no puede ser, tienes que controlarte muchacho... ‘. Pero Maelo insiste, y ahora sube la mirada al crucifijo del ataúd y reza una oración ininteligible... Eso que dice... ¿qué le dirá?  Estoy frente por frente a Maelo, le estoy mirando en esta cercanía que casi me vuelve invisible, pero no entiendo nada de lo que dice; es como una jerigonza privada a una sola voz entre los dos capitanes del mandinga soneo mayor, quizás alguna consigna en congo del siglo xviii, o un lenguaje íntimo y personal cuya clave sólo ellos conocen. Ahora se ha quedado solo el gran Maelo, con la mitad silenciosa de esos entendidos durmiendo la más larga espera... ».

 [(Eduardo Rodríguez Juliá, «El entierro de Cortijo» (Ediciones Huracán, Ríos Piedras. Puerto Rico, 1991)]

 

 

 

Fachada de su casa en Puerto Rico

 (Foto de Gary Dominguez)

 

 

 

 

 

 Para conocer y estar más cerca de "Maelo" una muestra musical (clickear aquí->): Las caras lindas

 

 

 

 

 

 

 

  

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